Espacio líquido de creación y crítica literaria. Marcelo Matas de Álvaro

domingo, 19 de febrero de 2017

sábado, 28 de enero de 2017

Aprender a volar


El maravilloso viaje de Nils Holgersson

Selma Lagerlöf



            Selma Lagerlöf (Suecia, 1858-1940) fue la primera mujer en obtener –en 1909- el Premio Nobel de Literatura. Su precocidad como lectora, le llevó pronto a familiarizarse con la obra de autores como H. C. Andersen o los Hermanos Grimm. En 1891 publicó su primera obra (“La saga de Gösta Berling”), a la que siguieron otras novelas y libros de cuentos con los que fue adquiriendo fama y prestigio entre los lectores y la crítica literaria de la época. Pero es “El maravilloso viaje de Nils Holgersson”, publicado en dos partes en 1906 y 1907, su obra más conocida y la que mejor ha soportado el paso del tiempo. El origen de la publicación fue un encargo del Consejo de Educación a Selma Lagerlöf –maestra de profesión- para que los niños suecos aprendieran la geografía del país.
Selma Lagerlöf

Inspirado en los cuentos de animales de Rudyard Kipling y en la tradición retomada por Andersen y los Hermanos Grimm, el relato original cuenta la historia de Nils, un muchacho de 14 años que, por haberse burlado de un duende, sufre un hechizo que lo convierte en un ser diminuto. De pronto aparece transformado en una especie de Pulgarcito del que todos los animales de la granja -a los que antes Nils había maltratado- se ríen por el tamaño al que había sido reducido. Además de su poca estatura, lo más asombroso del hechizo es que ahora puede comprender el lenguaje de los animales, lo cual le sirve para enterarse de que una bandada de gansos salvajes, que casualmente pasaba por allí, emigraba a Laponia y que Martín, uno de los gansos blancos de la granja de sus padres, batía las alas con la intención de unirse a ellos. Así, se agarra al cuello del ave doméstica y sale volando con él por los aires. A partir de ahí se sucede una serie de aventuras que llevarán a Nils a conocer a Akka, la gansa que guía la bandada; a enfrentarse a Smirre, el zorro que persigue a los gansos salvajes; a acercarse al hombre de bronce y al hombre de madera; y, por supuesto, a recorrer toda la geografía de Suecia: la isla de los Corderos, la desaparecida ciudad de Vineta, el lago Mälar, Laponia, y otros lugares que serán el espacio donde el pequeño Nils vaya aprendiendo que es imprescindible ser solidario para poder convivir con la bandada de gansos, olvidándose de paso de su antigua afición a la pereza y a divertirse con las travesuras que tanto dañaban a los animales de su granja.
La editorial Edelvives acerca a los pequeños lectores este clásico de la literatura sueca presentando una versión en castellano de la adaptación que la escritora libanesa Kochka hizo en francés. Las poéticas ilustraciones de Olivier Latyk, que incluyen seis páginas troqueladas con las que se inician algunos capítulos, contribuyen a hacer más atractivo este bonito cuento que, al tiempo que nos habla del amor a la naturaleza, a la mitología, a las leyendas y a las costumbres de un país, nos revela un trasfondo moral. Como tantas historias de este tipo, el “maravilloso viaje de Nils Holgersson” es, más que un desplazamiento por un determinado espacio geográfico, un viaje interior en el que el protagonista debe encontrar los recursos para crecer y ser capaz de volar por sí mismo.



(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés el 28 de enero de 2017)

sábado, 31 de diciembre de 2016

Una aventura íntima y silenciosa


Piara
Mónica Rodríguez
Narval Editores. Madrid, 2016



Entre la multitud de apellidos que se les suele poner a las obras literarias (policiacas, de aventuras, de misterio, de amor, de piratas, de princesas, de humor, de terror, negras, rosas, verdes,… así hasta alcanzar una lista interminable), hay un tipo de obras en las que parece no suceder nada. Son en cierto modo inclasificables, si no fuera porque esa misma condición les confiere su propia cualidad, una aparente ausencia de acontecimientos relevantes que, sin embargo, deben dejar traslucir un rasgo propio, por ejemplo el consabido cambio que experimentan los personajes de la historia. En ellas suele producirse una suerte de subterránea transformación, esa “aventura íntima y silenciosa” de la que habla Mónica Rodríguez (Oviedo, 1969) en su última novela “Piara” (Narval Editores).
La escritora ovetense, que dejó su trabajo en el Ciemat para dedicarse por entero a la literatura infantil y juvenil, cierra con esta deliciosa novela un año plagado de éxitos literarios. Con “La partitura” recibió el premio Alandar concedido por la editorial Edelvives y con “Alma y la isla” el Anaya de LIJ. Anteriormente ya había recibido otros galardones, entre ellos el Premio de la Crítica de Asturias 2007 por “Los caminos de Piedelagua” (Editorial Everest).
Imagen del blog de Patricia Metola
     La levedad del argumento de “Piara” se ve salpicada por hechos puntuales que en ese contexto no sorprenden al lector. Así, parece algo cotidiano que Ángela, una chica que vive feliz en su pueblo, rodeada de una piara de cerdos y sintiendo descalza la hierba que pisa, se encuentre de pronto con un chico desconocido bañándose en el río; es de esperar que Ángela vea desde la pequeña ventana del sobrado cómo su tío ayuda a morir al viejo caballo percherón; es de lo más normal que para evitar que se muera de frío, la tía Guillermina meta entre sus tetas al pollo que nació sin plumas; es algo habitual que a Ángela le guste hacerse la muerta dentro de los ataúdes que esperan en el almacén de “la tienda de todo” a ser ocupados definitivamente por alguien; no es extraño que una yegua se ponga de parto cuando todos los invitados están ya emperifollados para asistir a una boda; parece costumbre poner nombres propios –Garrufo, Fermín, Romina- a los cerdos y jugar con ellos en su propio fango; es de creer que se curen las heridas con un emplasto hecho con las matas de orejas de vaca que crecen en las esquinas de los muros; es posible que Ángela escuche el poderoso latido del corazón de la yegua con el fonendo del veterinario. 
        Y por debajo o por encima, a un lado o al otro, o dentro mismo de esa vida cotidiana en la que sólo ocurre lo que nunca ha dejado de ocurrir, transcurre mansamente, como de soslayo, la relación entre Ángela y Pedro, el misterioso niño de ojos tristes llegado de la ciudad, que de la mano de su amiga va descubriendo las acostumbradas maravillas del mundo rural. Pero sobre todo a los dos jóvenes el paso de los días va despertándoles sentimientos nuevos, una “corriente caliente” que poco a poco va atravesándoles de parte a parte sus corazones. Esto es lo que pasa cuando no pasa nada, el asombro repentino ante la experiencia más importante que nos puede suceder en la vida. Las acuarelas de la ilustradora Patricia Metola aportan una suave plasticidad a una novela plagada de sensuales imágenes.


(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 31 de diciembre de 2016)


sábado, 10 de diciembre de 2016

Para disfrutar en compañía



El niño que se convirtió en coche”

 Marcelo Matas de Álvaro
 Editorial Juglar. Toledo, 2016



            Marcelo Matas ha escrito varios cuentos infantiles, el volumen de relatos “Ingenio lego” (de próxima publicación) y participado en varios libros colectivos.  Pertenece al Comité de Redacción de la revista “Platero”, una atalaya privilegiada para pulsar los gustos e inquietudes de los más pequeños, y es colaborador de “El Comercio” y de la revista digital “Literarias”. De su experiencia con este difícil público y su deseo de divertir y enseñar nace “El niño que se convirtió en coche”, cuento que acaba de ver la luz en la editorial Juglar dentro de su coqueta colección Mandarina.

            Escrito a fuego lento y con mirada de observador de patio de colegio, en el autor se nota una mano acostumbrada a tratar con el público infantil y juvenil y unos ojos también muy hechos al ámbito literario que nos ocupa, el de los niños que, lejos de las prisas y de las sagas literarias infantiles actuales -más preocupadas de vender cromos y merchandising que de labrar una buena historia-, saben que son niños y que no les apetece crecer. Y es que libros como éste, con una historia sencilla, basada en un hecho real, pero con un toque de ese período un poco surrealista que es la infancia, son los que han de acompañarnos al crecer, no tanto físicamente sino en cuanto a nuestra imaginación, la cual va configurándose a base de historias y experiencias desde esta primera y fundamental etapa de la vida.
            Destinado a un público a partir de 7 años, el cuento presenta a Luis, un niño al que le encantan los coches y que sufre una especie de metamorfosis kafkiana al encarnarse en un coche. Sus amigos también se convierten en otros objetos y juguetes como pelotas, muñecas, indios y vaqueros o dinosaurios. De toda esta locura infantil nace el sentimiento de compartir nuestros juegos con los demás, y la enseñanza -una de ellas- que este cuento nos muestra, la de que disfrutamos más en compañía de los demás, de que este mundo está hecho para compartir, y ya desde la infancia debemos saberlo y obrar en consecuencia.
Ilustración de Mónica de Íscar
            La joven ilustradora Mónica de Íscar representa en dibujos la historia sin por ello utilizar las tan manidas alharacas técnicas de otras colecciones, sin tintas fluorescentes ni dibujos prediseñados, pero con un buen hacer sabiendo sumergir al lector en ese mundo infantil dulce, despreocupado y sin aristas, consiguiéndose así un cuento escrito para leer, pero también para contar y recontar, ya que tiene la longitud ideal para no cansar, pero sí para sumergir en un mundo de sueños a los niños y adultos que se acerquen a conocer la asombrosa aventura de Luis, el niño que se convirtió en coche.
            Esta historia no solo es recomendable para maestros y bibliotecarios, sino que también -les aseguro- hará las delicias de los padres, madres, abuelos, tíos, primos y hermanos que se acerquen a ella, ya que tiene el tamaño perfecto para ser disfrutada una y mil veces antes de ir a la cama, durante un viaje, antes de jugar o en el tiempo diario de lectura, ya que a buen seguro no cansará a los más pequeños que se acerquen a ella, niños y niñas a quienes les encanta soñar, pero siendo conscientes los adultos que compartimos con ellos ese momento mágico que conlleva abrir un libro, de que tenemos que alimentar esos sueños con historias como ésta, sencillas, tiernas, encantadoras y que enseñen algo. Este es el caso. Disfrútenlo.



(Reseña publicada por David Fueyo en el suplemento Culturas de El Comercio La Voz de Aviles. 10 de diciembre de 2016)