Espacio líquido de creación y crítica literaria. Marcelo Matas de Álvaro

sábado, 3 de septiembre de 2011

El secreto del bosque



 

DIENTE DE LEÓN
Mónica Rodríguez
Editorial Edelvives. Zaragoza, 2011

 

 

            El secreto está en el bosque. En el bosque real o imaginario de la infancia siempre habita un secreto, un misterio en el que la mayoría de los cuentos clásicos indaga. A menudo en estos cuentos un joven protagonista debe adentrarse en el bosque para encontrar el secreto y de esa manera encontrarse a sí mismo. Es la resolución del enigma o del misterio lo que le hace crecer, un paso que forzosamente ha de dar para despertar a la vida. Pero de este proceso de iniciación no se sale indemne, pues de entre los riesgos que uno debe afrontar –el miedo a lo desconocido, el impulso temerario, la traición a lo que más se ama, la irrupción del odio, la posibilidad del fracaso-, es inevitable enfrentarse al mayor de todos ellos: el dolor de saber que para hacerse el dueño del secreto es ineludible pagar –y ya para siempre- el consabido precio de la pérdida de la inocencia.

            De este proceso de transición trata fundamentalmente la deliciosa novela con la que Mónica Rodríguez acaba de ganar el Premio Ala Delta, galardón que se une a otros concedidos a otras obras, como el Premio de la Crítica de Asturias en LIJ en 2007 por “Los caminos de Piedelagua”. Nacida en Oviedo y licenciada en Ciencias Físicas, desde hace algún tiempo disfruta de una excedencia en su trabajo para dedicarse solamente a escribir para los más pequeños. Buena prueba de ello es la decena larga de libros publicados, entre ellos la serie Candela (Anaya).

            Además de lo señalado, en “Diente de león” interesa resaltar el atrevimiento de la autora para utilizar –en una obra destinada a niños a partir de 10 años- una estructura narrativa en la que se alterna la historia (en un contexto actual) de Manuel, un jubilado que por casualidad se encuentra con una anciana enferma en un hospital, con el relato (ambientado en la posguerra) sobre un importante acontecimiento de su infancia que durante varios días el mismo Manuel le irá contando a Nicolasa, la anciana que en silencio le escucha en la cama del hospital. Ahí aparece la necesidad de contar como una forma de confesión que saque a la luz sus fantasmas del pasado, sobre todo el sentimiento de culpa que aún sufre por una traición involuntaria, lo cual le permitirá a Manuel una nueva transición, la definitiva para afrontar en paz un futuro que cada vez se le hace más corto. Sin embargo, en ese tiempo que aún le queda puede contar con el recuerdo de las manos de Mirta (la amiga del bosque) y Nicolasa, que le han “hecho volar como un diente de león por el aire”.

La emocionada elegancia del texto, que se pincela a menudo con la belleza de imágenes poéticas, se complementa bien con la sobriedad narrativa de las ilustraciones en blanco y negro de Ximena Maier.

(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 3 de septiembre de 2011)

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