Espacio líquido de creación y crítica literaria. Marcelo Matas de Álvaro

sábado, 25 de febrero de 2017

Juegos verbales


Hasta (casi) 50 nombres
Daniel Nesquens
Anaya, 2017


            
          Daniel Nesquens (Zaragoza, 1967) seguramente ha elegido el campo de la literatura infantil y juvenil -si es que se puede acotar de forma clara y tajante el rango de edad para el que va dirigido una ficción- porque ello le permite desplegar con toda libertad las posibilidades (casi) infinitas que tiene como escritor. Así, su obra se reconoce por los continuos juegos de palabras que logran sortear -con un sinfín de filigranas y requiebros- la débil frontera entre la realidad y la ficción, y que inevitablemente conducen a un humor de tinte surrealista, aquel al que no le sorprende que las pinceladas que pintan la sonrisa en el rostro del niño -o del adulto- se puedan dar también con brocha gorda o -en similar paradoja- que los brochazos que colorean las carcajadas puedan retocarse también con fino pincel. Es ese humor absurdo -tal vez sea esta expresión un pleonasmo- el que fue motivo de celebración en sus anteriores obras, como la serie de “Marcos Mostaza”, “El hombre con el pelo revuelto” (Premio Anaya de LIJ 2010) o “Hasta (casi) 100 bichos”, de la cual es heredera esta “Hasta (casi) 50 nombres” que aquí comentamos.
Ilustración de la contraportada
Si el libro de los (casi) 100 bichos era en cierto modo inclasificable, una especie de bestiario que diseccionaba desde su particular visión, éste de los (casi) 50 nombres vuelve a saltar varias veces de un lado a otro la artificiosa barrera entre los géneros –de un seleccionado diccionario onomástico a microrrelatos de ficción, de ahí a pequeños episodios históricos o a breves biografías, etc.)- para presentar también una suerte de humano bestiario -esta expresión sí que es un pleonasmo- imaginado con todo el humor que puede originar la exhibición de absurdos verbales, de desaforadas metáforas, de etimologías reales o inventadas y de (casi) todos los divertimentos contenidos en las palabras. Desde los nombres más comunes (Mónica, Laura o Daniel) o los menos usuales (Onésimo, Estela, Úrsula...) hasta los directamente imposibles (Yunque, Tántalo, Xenofonte...), cada entrada de este peculiar diccionario no hace otra cosa que utilizar como coartada del nombre que la encabeza para desplegar todo lo que esa palabra sugiere. A partir de ahí -como en la metáfora de las cerezas que van tirando una de otra del cesto-, se va sucediendo un encadenamiento de palabras e ideas que logran despertar en la mente del lector imágenes (casi) nunca antes sospechadas. Así, uno se sorprende cómo de la entrada “Adelina” se llega a Yuri Gagarin y la perra Laika; o empezando por “Gema” se acaba citando a Urtain; o de “Melchor” al número de teléfono de Jennifer López; o, en fin, de Daniel –antropónimo del autor- al coeficiente intelectual de 170. 
Este libro hace inevitable traer a colación el célebre diccionario del humorista José Luis Coll, de quien a buen seguro Daniel Nesquens se siente en deuda. Pero es precisamente esta referencia la que puede poner en riesgo este libro dedicado, en principio, al público juvenil, pues, como ocurría en las surrealistas apariciones del dúo Tip y Coll, ciertas asociaciones de palabras o juegos verbales pueden conllevar el riesgo de alcanzar un nivel de absurdo tal que no sea comprendido –y. por tanto, disfrutado en toda su plenitud- por algunos lectores a quienes les falten las claves para llegar cabalmente a su significado. A destacar las maravillosas ilustraciones (casi) cubistas de Alberto Gamón, que añaden también una singular visión a las entradas de este (casi) diccionario.



(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 25 de febrero de 2017)







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